Deportes en auge: la popularidad que se mide bien y la que se infla sin fundamento

En los últimos años, el debate sobre los deportes que más han crecido en popularidad se ha convertido en un campo fértil para las afirmaciones exageradas. Cada temporada aparece una disciplina que, según algún análisis apresurado, está a punto de superar al fútbol en seguidores o al tenis en audiencias. Rara vez esas predicciones se cumplen. Lo que sí existe, sin embargo, es un grupo de deportes que han crecido de forma medible, sostenida y documentable, y que merecen diferenciarse de los que simplemente tuvieron un momento viral.

Anotaciones de campo: lo que se ve desde adentro

Llevo varios años siguiendo de cerca el desarrollo de distintas disciplinas deportivas, tanto desde las cifras como desde conversaciones directas con entrenadores, directores de clubs y responsables de federaciones en distintos países. Lo que más me ha llamado la atención no es tanto cuáles deportes crecen, sino cómo se distorsiona la información sobre ese crecimiento.

El pádel es el ejemplo más claro. Es real que ha crecido, sobre todo en España, Argentina y algunos países nórdicos. Pero la narrativa de que el pádel conquista el mundo ha ido bastante por delante de los hechos. En mercados como Brasil, donde se lo esperaba como una revolución, sigue siendo un deporte de nicho. En Estados Unidos, prácticamente inexistente fuera de comunidades hispanohablantes. El crecimiento existe. La magnitud que se le atribuye, no tanto.

Pickleball: el caso americano que no se exporta

El pickleball es el deporte que más rápido ha crecido en Estados Unidos en los últimos cinco años. La cantidad de jugadores registrados pasó de menos de cuatro millones en 2018 a más de trece millones en 2023, según datos de la asociación nacional. Las pistas de tenis en parques municipales se convirtieron en pistas de pickleball por todo el país, a veces con tensiones considerables entre comunidades de jugadores.

Sin embargo, fuera de Estados Unidos y Canadá, el pickleball es casi invisible. En Europa central hay algunas ligas emergentes, y en Asia hay focos puntuales en Filipinas e India. Pero cuando los medios deportivos hablan del pickleball como el gran fenómeno global, están confundiendo un fenómeno nacional con uno mundial. Es un error de escala que se repite con frecuencia y que lleva a inversiones mal calibradas.

Esto no le resta valor al crecimiento dentro de Norteamérica. Simplemente significa que las comparaciones globales no funcionan aquí, y que exportar ese modelo a otros mercados no es tan directo como los promotores sugieren.

Los deportes que crecieron sin que nadie lo anunciara

La escalada deportiva, incluida en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, tuvo un crecimiento silencioso pero consistente en la última década. El número de rocódromos en ciudades medianas de Europa y América Latina aumentó de forma notable. No es un deporte que genere grandes audiencias televisivas, pero su base de practicantes jóvenes es sólida y continúa expandiéndose.

El trail running es otro caso paradigmático. No hay liga formal, no hay franquicias, no hay grandes contratos de televisión. Pero el número de carreras de montaña organizadas en el mundo se triplicó entre 2010 y 2023. Las inscripciones se agotan semanas antes de que abra el plazo oficial de registro. La gente sale a correr por senderos de madrugada y lo hace con una seriedad que pocos deportes convencionales generan en sus practicantes recreativos.

El rugby sevens, desde su inclusión olímpica en Río 2016, también ha ganado practicantes reales, especialmente en Asia y África. Eso no lo convierte en competidor del rugby de quince, pero muestra una ampliación genuina de la base global del deporte.

La comparación que importa: participación real versus audiencia

Cuando se comparan deportes en términos de crecimiento, hay que decidir qué se está midiendo. Audiencia televisiva y participación activa son variables distintas, y a veces evolucionan en direcciones opuestas.

El golf perdió practicantes durante años en muchos mercados, pero sus audiencias televisivas se mantuvieron gracias a figuras con enorme poder mediático. El béisbol sigue siendo relevante en términos de franquicias y contratos televisivos, pero en Estados Unidos pierde practicantes jóvenes de manera constante desde hace dos décadas. El tenis tiene torneos que se transmiten a cientos de millones de hogares, pero el número de socios en clubs locales cayó en Francia, Alemania y España en los últimos quince años.

Entonces, ¿qué significa que un deporte creció en popularidad? Depende de quién lo pregunta y para qué. Un municipio que quiere construir instalaciones necesita saber cuántas personas practican, no cuántas miran. Una marca que busca visibilidad necesita audiencias, no practicantes. Son preguntas distintas que merecen respuestas distintas, y mezclarlas es la fuente de muchas conclusiones erróneas.

Una nota final desde el terreno

He visto pistas de pádel vacías en ciudades que apostaron todo a esa disciplina sin evaluar si había demanda real. He visto instalaciones de esports abandonadas porque el modelo de negocio nunca fue sostenible más allá del entusiasmo inicial. Y he visto grupos de trail runners organizando ultramaratones en zonas remotas sin ningún apoyo institucional, simplemente porque la comunidad lo genera desde adentro.

El crecimiento deportivo real no necesita mucho marketing. Lo que sí necesita es que quienes analizan el fenómeno distingan entre lo que se mide con rigor, lo que se infla por interés comercial, y lo que crece de verdad desde las bases. Esa distinción no siempre es cómoda para quienes tienen algo que vender, pero es la única que produce conclusiones útiles.